Toda gran historia de misterio y fantasía oscura tiene raíces profundas que se entrelazan en las sombras.
Detrás de la creación del universo de El Narrador y la maldición del sauce se esconde un viaje a través de los grandes clásicos de la literatura y el cine que marcaron una época. Esta primera entrega no solo introduce al lector en el reino mágico de Antina, sino que representa la puerta de entrada a una saga mucho más compleja, repleta de magia, secretos y desafíos.
La influencia de la fantasía clásica y épica
La chispa inicial que dio origen a este proyecto nació del profundo fanatismo por las narraciones en diferentes formatos. Grandes pilares de la Fantasía Clásica Infantil y el Portal Fantasy, como Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas) y J. M. Barrie (Peter Pan), sirvieron de cimiento inspiracional. A esta base se sumó la innegable huella de la Alta Fantasía o Fantasía Épica de autores legendarios como J.R.R. Tolkien y J.K. Rowling, cuyas estructuras ayudaron a moldear la mitología de Antina.
El cine de culto de los 80 y la "Era Oscura" de Disney
La ambientación visual del libro y la fisonomía de sus personajes del El Narrador y la maldición del sauce, están fuertemente conectadas con la estética cinematográfica de las décadas de 1980 y 1990. Por ejemplo, elementos de películas como Hook (El capitán Garfio) ayudaron a inspirar la icónica e imponente vestimenta del propio Narrador.
Asimismo, la creación de ciertas criaturas mágicas rinde homenaje a los mundos fantásticos de Jim Henson y Brian Froud, mentes maestras detrás de joyas del cine de culto como El cristal encantado y Laberinto.
Pero si hay una influencia peculiar en el aire misterioso del relato del El Narrador y la maldición del Sauce, esa es la llamada "Era Oscura" de Disney (The Dark Age). La atmósfera de la novela estuvo especialmente influenciada por uno de los proyectos animados más caóticos y arriesgados de la compañía: El caldero mágico.
Este film pasó a la historia por ser el primero de Disney en recibir una advertencia para que los niños fueran acompañados por sus padres debido a su tono sombrío, el cual presentaba al Rey del Mal (un esqueleto viviente), brujas siniestras y un ejército de muertos vivientes que se levantaban de la tierra. Esa misma tensión misteriosa y madura es la que respira El Narrador.
El TDAH como un superpoder creativo
Un dato muy personal y característico sobre el proceso de escritura de la obra es que el autor cuenta con la condición de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Lejos de ser un obstáculo, esta condición fue utilizada completamente a favor del libro. La mente hiperactiva permitió entrelazar diferentes subtramas, diseñar una gran variedad de personajes complejos y otorgarle a la narración un ritmo dinámico y fluido que atrapa al lector desde la primera página.
Aunque El Narrador y la maldición del sauce es su debut en la novela de fantasía, no es su primer acercamiento a las letras. Entre los años 2017 y 2018, escribió varias obras de teatro infantil para una pequeña compañía teatral, proyectos que en un futuro planea adaptar al formato de libros ilustrados.
La evolución del autor: El cambio de seudónimo
Los lectores de la primera edición recordarán que la versión lanzada en el año 2011 vio la luz bajo el seudónimo de J.E. Brassara. Para esta versión definitiva del 2026, se ha tomado la decisión estratégica de firmar bajo el nombre de Juban Agü.
Este cambio responde a una necesidad artística y de planificación a largo plazo de usar el apellido dentro de la saga: el autor buscó despegarse del apellido Brassara para consolidar su verdadera identidad de cara a las próximas entregas de la saga.